Sopó, Jueves 9 de Septiembre de 2010
Por Julián Rodríguez
Viernes, 08 de Diciembre de 2006 08:12

Direccionar otro Sopó se ha convertido en este momento en una necesidad. Se hace indispensable pensar en el municipio que queremos para el futuro, por que no es exactamente el que a la fuerza han forjado las últimas administraciones a base de cemento y ladrillo, con obras sobredimensionadas para nuestras necesidades no contempladas en planes de gobierno y con una escasa planeación que a futuro implican la inversión en otras, como es el caso del colegio CEIS que una vez construido implicó la construcción de un puente peatonal. Es decir, calzamos 38 y nos han comprado zapatos 44. Construyen una alameda calcada de la de la carrera 15 de Bogotá, olvidando que está fue diseñada para una ciudad de 7 millones de habitantes, no para un municipio conformado por 18.000. O un parque con más ladrillo que árboles imitando al parque Tercer Milenio de la capital. No es que las obras no se necesiten, claro que sí, pero deben ser pensadas en una talla que nos calce perfectamente y que respondan a unas necesidades propias y verdaderas. Por que no pensar, por ejemplo, en alamedas con faroles y sillas como las del parque principal y así unificar el entorno sin tratar de imitar ciudades, pues entonces dónde queda el concepto de “Sopó verde y colonial”, o la verdadera identidad como habitantes de un municipio de tradiciones que es proclamado como uno de los mejores de la sabana precisamente por ser aún un "pueblo".

Miremos que es Sopó. Un municipio privilegiado, al pie de un gran cerro y con una riqueza natural inmensa. Con mucha más naturaleza que otros, y que por esa ubicación es muy distinto a los demás municipios aledaños, que buscan parecerse más a un barrio de la gran ciudad.

Sin tomar distancia frente al progreso, hagamos de Sopó un municipio más vivible y más social para nosotros los soposeños. Muchas veces olvidamos que el progreso de una región no solo está en la construcción de obras en concreto, invertir sumas equivalentes en programas sociales garantiza aún más el desarrollo, al igual que pensar en el bienestar de los habitantes. Es necesario que dejemos a un lado el desaforo por el ladrillo, el cemento y el palustre.

Soposeños, ¿no es hora de rediseñar a Sopó desde un punto de vista más humano? Invirtamos más en programas que desarrollen la cultura, en deporte, en la calidad de la educación la cual no mejora solo construyendo más colegios; invirtamos en programas de prevención a la violencia intrafamiliar, en seguridad para todos, en cómo prevenir la drogadicción en los jóvenes y los embarazos no deseados en jovencitas menores de edad, pues las cifras que se muestran en esto último, son impresionantes.

Es hora de que como soposeños nos repensemos como individuos que somos; en el capital colectivo que tenemos, y sobre todo en el futuro y en el nivel de vida que queremos para nuestros hijos.

Pensemos si queremos un Sopó auténtico que invite a ser conocido y admirado por mantener lo suyo como pueblo, es allí donde está la verdadera riqueza turística, contrario a una réplica de ciudad fuera de contexto que motiva críticas e incomprensiones.

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