El Hablador
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Miércoles, 12 de Noviembre de 2008 00:00
Según muchos autores, el juego es una actividad que además de generar placer en los seres humanos moviliza procesos de aprendizaje independientemente de la edad en la que se encuentren.
Desafortunadamente, en nuestra cultura se tiene la creencia de considerar el juego como una actividad que se desarrolla únicamente durante la infancia, y que no es posible de mantener en otros momentos de la vida por muchas razones. Entre estas se encuentran por ejemplo, el temor a poner en tela de juicio el concepto de autoridad cuando se es padre de familia, el miedo a hacer el ridículo, la falta de tiempo por el exceso de trabajo y/o el pensar que jugar cuando se es adulto implica poner en duda el grado de madurez personal.
Existen varios tipos de juego, entre los cuales se encuentran los juegos de ejercicio o que implican la participación del cuerpo, los juegos de mesa, los juegos de competencia, los juegos de simulación o simbólicos y los juegos de roles entre otros. Entre muchas de las ganancias que trae practicar alguna clase de juego sobresale el reconocimiento y comprensión que hacen los individuos del sentido de las reglas, lo cual no solo permite que se desarrolle de la mejor manera cualquier juego, sino que también, garantiza que se entienda la importancia del sentido de las reglas en la vida social.
Es asi como, cuando los padres y/o adultos deciden compartir con los niños espacios de juego no solo estrechan los lazos afectivos, sino que también, pueden mostrar a los pequeños de una manera vivencial y significativa la necesidad de negociar y establecer reglas familiares que promuevan la convivencia, la construcción de hábitos y la repartición de responsabilidades; que de una manera directa contribuyen a la creación del verdadero sentido del concepto de autoridad.
Uno de los juegos que es mas común en la infancia es el juego de simulación o juego simbolico, el cual tiene una estrecha relación con la imaginación que se desarrolla en cada niño. Dicho juego, se presenta en el momento en que los niños transforman su realidad inmediata para crear una realidad imaginaria en la que es posible fingir ser personas distintas y simular la realización de diferentes acciones que encadenadas construyen situaciones imaginarias. De la misma manera, este tipo de juego permite que los niños utilicen algunos objetos para representar con ellos otras cosas. Tal es el caso de los niños que asumen que un trozo de madera es una galleta y una caja de cartón un carro.
Es importante anotar, que este juego se motiva por la imaginación de los niños la cual depende de la variedad y cantidad de experiencias con que cuente cada uno de ellos y que provienen de sus vivencias diarias y de la información que circula en la cultura a la que pertencen. Muchas personas piensan que cuando los niños realizan este tipo de juego lo único que realizan es una perdida de tiempo, lo cual es una creencia erronea, pues se ha comprobado que a traves de éste los pequeños se acercan mas rápido a comprender tanto las situaciones como a las personas presentes en su propia realidad. Es decir, cuando una niña finge ser la mamá, se aproxima a comprender el sentido de las actuaciones de este personaje incluyendo aquellos momentos en donde por ejemplo ofrece algun regaño a sus hijos por haber tenido una mal comportamiento.
La situación ideal frente a este juego se presenta cuando los adultos se involucran dentro de un episodio imaginario construido por los niños y aceptan realizar toda una serie de acciones que van desde tomarse un tinto o comerse un almuercito preparado por ellos mismos en el momento en que juegan a la “cocinita”.
Frente a lo anterior, sería pertinente preguntarse que impacto tendría que el juego de la “cocinita” no sea promovido solo por las niñas sino que paulatinamente los niños vieran en éste una herramienta para acercarse a reconocer la importancia de esta práctica doméstica, que seguramente puede ser de gran utilidad en su vida futura.
Es necesario, que los adultos participen decididamente en este tipo de juego promovido por los pequeños, dado que dentro de un espacio ludico es mas facil que estos últimos los vean como pares iguales que ellos, generándose un ambiente propicio para afianzar las relaciones afectivas, fortalecer la seguridad personal y reconocer las fortalezas de cada individuo.


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