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Sábado, 27 de Octubre de 2007 12:15
La lectura se convierte en una herramienta fundamental para que los individuos activen su imaginación y le den rienda suelta a la misma, logrando representar dentro de su mente infinidad de mundos posibles, a los cuales se accede definitivamente gracias a las llaves secretas que se encuentran ocultas entre los libros.
El proceso de lectura debe ser visto como algo mucho más complejo que la habilidad desarrollada por cada individuo para relacionar las letras que conforman una palabra con un sonido respectivo, lo cual limita el proceso lector a una actividad meramente decodificadora de signos registrados en un texto escrito. Quizás, uno de los mayores problemas que existen en nuestra cultura es precisamente el establecimiento de la creencia errónea relacionada con el hecho de considerar como buen lector a aquella persona que es capaz de “decodificar” con rapidez y precisión un conjunto de palabras relacionadas dentro de un texto escrito
Si bien la velocidad y la fluidez al leer son aspectos que influyen dentro del proceso lector, estos dos aspectos no deben considerarse como indicadores prioritarios dentro de la enseñanza de la lectura, pues el hacer tanto énfasis en los mismos, fomenta que los individuos vean la lectura como una actividad aburrida y mecánica de la cual no se obtiene ninguna satisfacción. Lo interesante de este problema es que en la medida en que una persona practique la lectura de forma periódica, tanto la fluidez como la velocidad lectora empiezan a verse marcadas de manera positiva, ya que estos dos aspectos mejoran únicamente con la práctica del proceso lector.
Lo importante entonces, es que estas prácticas de lectura se acompañen de un elemento motivador que permita movilizar la mente de cada individuo a la interpretación y creación de nuevos conocimientos. De esta manera la lectura deja de limitarse a un proceso decodificador para entenderse como una posibilidad que le permite a todos los sujetos, no solo comprender el mundo que los rodea, sino también construir nuevas realidades y conocimientos a partir del desarrollo de la imaginación.
Es así como la lectura se convierte en una herramienta fundamental para que los individuos activen su imaginación y le den rienda suelta a la misma, logrando representar dentro de su mente infinidad de mundos posibles, a los cuales se accede definitivamente gracias a las llaves secretas que se encuentran ocultas dentro de los libros.
El amor por la lectura se va desarrollando poco a poco, pero es fundamental que desde pequeños se les incentive a los niños un reconocimiento individual de los propósitos que se persiguen al leer un libro, pues el reflexionar sobre el para qué de la lectura permite activar no solo el interés por continuar, sino que también reaviva los conocimientos que tiene el individuo frente al tema condensado en el libro que reposa en las manos. Así mismo, si el texto que se quiere leer es un cuento o una obra literaria, vale la pena preguntarse por el posible contenido de la misma antes de enfrentarse a la lectura formal del texto completo, lo cual hace que la imaginación se active en cada individuo logrando anticipar y predecir la información, que según sus creencias y conocimientos va a encontrar dentro del libro, utilizando por ejemplo, únicamente el título del mismo o las imágenes registradas en la portada como elementos detonadores de anticipaciones y predicciones de información. De igual manera, durante la lectura es importante darse un tiempo para detenerse y reflexionar sobre lo leído, ya sea comentándole a otra persona lo que se ha entendido, o intentando predecir lo que podría continuar en la historia o la manera como se podrían desenlazar los acontecimientos desarrollados hasta ese momento.
Así mismo, no cabe duda que cuando se esta en pleno proceso de aprendizaje de la lectura, es indispensable que los niños reciban de sus pares adultos un acompañamiento en el proceso lector, pero no limitándose éste, únicamente a la supervisión del proceso, por el contrario, generando espacios en los que se comparta la lectura de un texto, fomentando en los niños el desarrollo de una escucha atenta y el reconocimiento de esas formas de leer optimas, que van de la mano del uso de diferentes entonaciones, pausas y respeto de los signos de puntuación.
Por todo lo anterior, el reto que se tiene tanto a nivel educativo como familiar es muy grande, pues el que un individuo sea un lector competente no solo es tarea de la escuela, sino también de los padres; así que siempre habrán cosas por hacer dentro de cada uno de estos contextos para promover el deseo por la lectura, empezando por dejar a un lado solo la supervisión del proceso lector, para involucrarse conjuntamente con los individuos en la lectura de un texto que sea del interés de todos.


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